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miércoles, 4 de junio de 2014

COLUMNA: El Ariel y el cine mexicano


El cine nacional se enfrenta diariamente a un montón de enemigos: la inequitativa distribución de apoyos para su producción, la dificultad de su distribución, la necesidad de espacios para su (casi siempre injusta) exhibición y la falta de público. Todos estos males (de entre muchos otros más) son consecuencia uno del otro. Así, como una cadenita, en efecto dominó. Pero de estos, el más preocupante a mi parecer, es el último.

Pa’ pronto: ¡a los mexicanos no les gusta ver cine mexicano! No conectan con él, no les interesa, no los emociona. El argumento más repetido es que “están hartos de lo mismo: delincuencia, narcotráfico, pobreza, ‘groserías’, sexo…”

Y la verdad es que tienen bastante razón. El cine nacional se empeñó por mucho tiempo en alejar a su propio público, y todo empezó desde el momento en que una buena parte de sus realizadores decidieron simplemente ignorarlo.

Cuando un cine mexicano “de corte autoral”, que además de todo resultaba muy barato, comenzó a premiarse en algunos festivales internacionales, el público se quedó lejos. ¡Muy lejos!

Las propuestas cinematográficas de México tienden a situarse en polos opuestos, dejando entre ellos un espacio abismal. Por un lado el “cine artístico”, casi siempre aburrido, pretencioso, frío, destinado a circuitos culturales, festivales, muestras y cineclubes; y por otro, el “cine producto”, películas bobas, sin propuesta alguna, que imitan subgéneros y argumentos principalmente gringos, y que al final quedan “muy chafas” (comedias románticas, en su mayoría). Nuestro público no quieren ver por media hora a un hombre perdido en el desierto de Sonora, encontrándose a sí mismo, pero tampoco está interesado en ver “Hollywood región 4”. ¿Entonces?

De vez en cuando vienen unas temporaditas en las que al cine de nuestro país le va un poco mejor. Tengo la teoría de que esto sucede cuando los reflectores internacionales apuntan a los famosos “tres amigos”: Cuarón, Del Toro e Iñárritu. Cuando alguno de estos tres (o mucho mejor, cuando los tres) presentan nuevas películas, como que el cine en México se revitaliza.

El año pasado fue histórico. El título que desde 2002 pertenecía a “El crimen del padre Amaro” como la película mexicana más taquillera de la historia, fue superado por mucho con las recaudaciones de “Nosotros los Nobles” y “La-de-Derbez”. ¿Qué pasó? ¡No sé! Ninguna de las dos presenta historias novedosas, ni actuaciones memorables, ni propuestas muy originales, o una factura destacable (la segunda película es muy mala, de hecho).

OK, la verdad sí sabemos qué pasó: ¡ambas tenían la vista puesta en el GRAN público! Se preocuparon por llegar a ellos desde el principio. Por ciertas razones, el caso de los Nobles resulta mucho más valioso, pues salieron con poco más de 300 copias inicialmente y el director era desconocido, al igual que su reparto joven.

Además de los éxitos taquilleros, nos llovieron los premios en festivales: “Heli”, “La jaula de oro”, “Club sándwich”, “Los insólitos peces gato”, “No quiero dormir sola”. Todas ellas, ¿qué creen? ¡MUY BUENAS películas!… ¿Más de lo mismo? ¡Para nada!

Justo estas cinco cintas fueron las nominadas a Mejor Película en la 56 entrega del Ariel, premio otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo mejor de nuestro cine desde 1947. La ceremonia se realizó el pasado 27 de mayo en el Palacio de Bellas Artes y desde entonces ha dado mucho de qué hablar, algo que hacía mucho no pasaba.

Pero como los mexicanos solemos ser bien negativos (bien “Contreras”, como diría mi papá), una vez más resaltan los puntos negativos: que si la ceremonia estuvo aburridísima, que si los conductores nomás no tenían gracia, que si no-se-quién se vistió horrible, que si el audio y la dirección de cámaras pésimo.

¿Y saben qué? Qué gusto ver que todas estas quejas son por verdaderas tonterías. Señores, ¡no son los Oscar! Nada que ver, no pueden siquiera pretender serlo, sería ridículo. Lo importante aquí es nuestro cine. Esta edición del Ariel recuperó la atención de público, prensa e industria por la razón más valiosa y de la que esta vez no pudimos quejarnos: las películas nominadas.

Todavía el año pasado el Ariel era como un gran “chiste local”. Una ceremonia simplísima, realizada para los miembros de la industria, aburrida y seria. Nadie sabía nada de las películas, muy pocos las habían visto y las nominaciones estaban formadas en ternas. Esta vez fueron quintetas y las cintas eran un poco más conocidas por el público. Lamentablemente, sigue siendo difícil acceder a muchas de ellas. En 2013, las dos grandes joyas del Ariel, “El premio” (de Paula Markovitch) y “La demora” (de Rodrigo Plá), creo que fueron vistas por casi-nadie. Y es una verdadera lástima, ambas son estupendas películas (aunque quizás no tan “cercanas” porque una fue filmada en Argentina y la otra en Uruguay).

En verdad espero que pronto podamos tener acceso a nuestro cine más fácilmente. Muchas películas merecen ser vistas. Y nosotros, como público mexicano, no desconfiemo
s más del cine hecho en nuestro país. Arriésguense y descubran que las propuestas, finalmente, se están diversificando. Si aún crees que el cine mexicano es muy malo, te sugiero que en cuanto puedas veas “La jaula de oro”, o “Los insólitos peces gato”, o “Club sándwich”, o es más, “Tercera llamada”. En serio, velas todas ellas, y después hablamos.

DATO: Un día como hoy, hace 10 años, la película más mexicana de la saga Harry Potter (“El prisionero de Azkaban”) se estrenó en nuestro país.

Columna para Guanajuato Informa.

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